Soy un/a nini

Atrás quedaron esos tiempos donde contar los años que faltaban para entrar a la universidad se hacían eternos. Atrás quedaron esas ideas inocentes sobre el mundo laboral y mucho muy al fondo han quedado esas pretensiones y actitudes donde el decir “a mi no me va a pasar” las repetía una y otra vez, cuando alguien comentaba que encontrar trabajo era una tarea demasiado complicada.

Al paso del tiempo, tremendo chasco el que te das, al saberse uno más de la estadística y formar parte de esas tasas de desempleo.

Resulta difícil aceptar que eres un ser humano en edad laboral productiva sin tener cabida en ello. Pasan las semanas, los meses y los años y te das cuenta que llenaste de muchas expectativas tu vida –para algunos casos pueden ser altas y en otras rebasando el promedio, que creías que estudiar una carrera universitaria sería el punto medular de toda tu vida entera y que eso sería la panacea a todos tus problemas–  y te das cuenta que sigues en el mismo sitio sin haber cambiado mucho, o quizá nada.

Esa nulidad, esa inmovilidad, esa desesperación, generan un cúmulo de sensaciones adversas, quieres disfrutar el presente aunque no la estés pasando bien, –o mejor dicho aunque la mal pases– pero no puedes, el sentimiento de fracaso está presente todo el tiempo.

Esa lucha constante entre tus guerreros aniquiladores de autoestima y los que batallan por mantener en pie lo que te queda de orgullo. Es una o son muchas batallas internas, preguntándote ¿qué he hecho mal?, ¿qué está mal en mi?,¿de qué debería arrepentirme?, ¿por qué me arrepiento? ¿Se vale que cuente las veces que he llorado?, ¿de impotencia?, ¿de ira?, ¿de enfado? Y consideras que no eres el único culpable, –la situación individuo/sociedad/gobierno/instituciones es una ecuación enmarañada e imprecisa– en este caso la culpa se comparte.

Una entrevista tras otra, carpetas en diferentes presentaciones, tamaños, grosores y colores de tu Hoja de vida, muchas páginas impresas del mismo, en diferentes presentaciones, estilos de letras, márgenes o variación del lenguaje para ver si esta vez “sí pega y corres con suerte de que lo lean. Esperando que el dinamismo en estilo de presentación de tu currículo surta efecto en los entrevistadores o a la gente donde les dejas tus papeles.

Un trabajillo por aquí un trabajillo por allá,  pero nada seguro, nada permanente, –nada que ver con la licenciatura que estudiaste– y eso poco que dura te levanta el ánimo, mucho más arriba de antes de estar desempleado, como cuando alguien se droga y siente el éxtasis pero terminado el efecto le da el bajón tan tremendo.

Inscripciones a varios cursos o talleres con la idea de rellenar tu currículum vitae y para que se vea más interesante. O sólo por la necesidad de sentirse ocupado y fijar la mente en algo, para no pensar que se está desempleado.

¡Oh, triste realidad! De cuando en cuando me recuerdas que se me ha acabado la ilusión. Que hacer realidad el sueño de independencia al lazo parental se ve muy inverosímil y ni qué decir del deseo de aportar sustento a la casa.

No es por gusto o por elección, las circunstancias me han hecho partícipe en ese escalafón de la pirámide social y aunque el apelativo no me guste, es cierto ni estudio, ni trabajo.

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