De Allende y otras cosas.

Mi odisea para llegar a estas tierras ha sido de antología, es una larga historia la cual no contaré y me ahorraré en letras. Lo importante es que estoy aquí y he conocido la superficie de esta metrópolis. Todo aquí me recuerda a esa película de Fritz Lang, todo. La gente parece vivir en piloto automático.

Y las mezclas sociales son tan variadas que por momentos son nauseabundas para mi.

En mi sexto día en esta ciudad encuéntrome con Felipe, un chileno bien educado pero con mucho modismo de su país que sólo entiendo la mitad de lo que dice y la otra mitad deduzco lo que quiere decir por el contexto.

–¿Lo cacháis?, me dice.

Y yo sólo atino con mover la cabeza de arriba abajo para verme en sintonía con él pero hay veces en las que no tenía ni puta idea de lo que me estaba hablando.

Digo, hablamos español pero cada quien habla distinto…

El cómo terminamos de un día de tour por la ciudad, no es lo interesante, sino más bien cómo por casualidad la plática, las visitas y las fotografías se dieron de forma casi espontánea. Caminamos kilómetros, hicimos todo un circuito, nos creamos un tour a la medida e inesperadamente fue muy agradable, pudimos observar la arquitectura mientras la recorríamos a pie.

En el inter acompañé a Felipe a una estación de buses que lo llevarían a Bruselas; él me acompañó a una escuela de cine.

Felipe fue un sujeto muy intuitivo, directo pero amable. Me dio consejos para el mal de amores y lenguaje corporal los cuales agradezco totalmente, me es tan surreal saber que alguien puede decirte algo con sentido y coherente y no necesariamente quiere decir que se preocupe por ti.

Antes de llegar acá tenía la idea de no hablar con nadie que hablara mi idioma pues porque tengo la intención de practicar la que hablan los locales, pero ahora comprendo que no importa tu lengua o de donde vienes, lo importante es saber de qué y cómo hablas.

Que él me describiera lo mejor resumido y condensado (pero sin quitarle la esencia) posible de cómo fue Chile antes, durante y después de Salvador Allende ha sido todo un agasajo. Sus impresiones entre Latinoamérica y este continente.

Las dimensiones y divisiones, las diferencias y las similitudes y el sabor latino al que ahora por comentario de él “les falta mucho que aprender a los europeos”, me siento más orgullosa de nuestras raíces, de mi lengua, de mi tierra, de Latinoamérica.

Lo único que supe de Felipe fue su nombre y nacionalidad, llegó y se fue pero cuando te encuentras con alguien así, de manera espontánea y efímera también puede dejar una honda huella. Son esos encuentros fortuitos que agradeces haber vivido o, ¿ustedes que piensan? ¿Les ha sucedido algo así?

Les dedico ésta de Silver Convention… un clásico, no más porque se me incha el huevo.

Mientras caminaba por las calles de esta ciudad llegábame a mi mente esta cancioncilla, comencé a silvarla y después me di cuenta que era Fly Robin Fly.

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