Faquir

¡Tengo hambre!

Hoy comí, puré de papa instantáneo, cinco galletas integrales y un puñado de ciruelas pasas, no, no estoy a dieta. Lo que pasa es que soy estudiante.

No vivo en casa de mis padres y comparto piso, y pues sí, la vida fuera da la casa paternal dista mucho de ser “glamourosa o fancy”. El dinero que me envían mis padres mes con mes lo tengo que hacer durar y, pues como todo un clase mediero de poca monta como lo soy yo, ajustar el presupuesto es un acto de ilusionismo.

Primero pagar la colegiatura, lo que te sobre es para tu transporte el resto del mes, comprar los víveres y si te administras bien o corres con suerte uno que otro lujo como ir al cine o salir de copas con amigos.

Abrir el refrigerador/frigorífico/heladera en esta casa es como un acto de voyeurismo hacia una anoréxica, no hay carne, ni nada que agarrar.

Y ni qué decir de la alacena, sólo hay pastas de diferentes formas (pero nada para acompañarlas), sobres para hacer agua de sabores y mucha sal. No tengo idea porque tenemos tanta sal, quizá creímos que debíamos salar nuestra comida para que durara hasta la próxima estación o porque nos gusta retener líquidos, qué sé yo.

El punto aquí, es que extrañé la comida de mi madre, sí, esa que compra ya hecha y que sabe como si una madre la hubiese preparado con el corazón (mi progenitora tiene buen sazón pero la cocina no le llama), extrañé el menú de cuatro tiempos de casa de mi madre, extrañé abrir la nevera y ver como de tantas cosas que tiene dentro no me decido nunca qué es lo que voy a comer.

Quizá esta etapa de estudiambre –o que es lo mismo, aspirante a profesional con miras al grillete laboral– me está preparando para la próxima competición de faquires. Quizá deba entrenar mi tripa a no pedir doble ración y saciarla con agua.

Llenar mi estómago de líquidos como lo hacen las súper modelos para no comer y no tener hambre, quizá deba comer tierra como los niños de Somalia. Son, precisamente estos últimos puntos que con su ambigüedad me hacen sentir empatía por la gente que quiere comer y se muere de hambre, y desprecio por la gente que con toda la intención maltrata sus cuerpos por seguir un estándar ficticio de delgadez.

¿Cómo controlar el hambre? ¿Cómo decirle a tu cuerpo que ya no hay comida? ¿Cómo le hacen los que conscientemente llevan a huelga de hambre su cuerpo?

Y tú ¿Vives para comer o comes para vivir?

Anuncios